martes, julio 10, 2007

Filosofia de Amor tras la Cortina

Aquella habitación que se encuentra a obscuras, tan ardiente, tan repleta de silencios que esquivan pocos deseos y sentencian cientos de verdades. Esa misma habitación que esconde un secreto que no debe revelarse, jamás debe revelarse.
Tras la cortina blanca que cuelga de su ventana se observan dos siluetas frágiles, pero a las ves robustas, que se rozan, se acarician, que retinen la respiración y las voces. Mientras el tiempo corre, las ilusiones se desangran derramándose sudor y paciencia; una brisa tenue entreabre la cortina, para vislumbrar tanto amor, deseo y pasión de dos hombres que simplemente rompen los límites de una verdad a medias que a veces no deja jadear al vigoroso ser que llevamos dentro, así como esta desnudes de pezones y cabellos sobre la almohada que deja su sombra en el infierno del temor.
Y ¡maldita sea!, ¿donde ha quedado el derecho a la ternura de nuestros hombres?, de aquellos falos erectos, de aquellos hombres que aman a otro sin ninguna condición y sin ninguna cohibición, excepto el de esta sociedad que quiere esconderlos y censurarlos por el simple hecho de sentir un amor que esta fuera de toda expectativa de simpleza, de crueldad y de obligación.
La filosofía está en que el amor es eso, nada de quietud, nada de frustración, sólo el entregarse a otro sin importar que tan igual y tan distinto sea. Y la cortina, la cortina de esa filosofía es esa que simplemente resguarda nuestro pequeño secreto.

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